PALABRAS DE AGRADECIMIENTO DEL

DR. MARCO ANTONIO MURRAY-LASSO

 

Estoy muy contento y agradecido del favor que me hacen todos ustedes con su presencia para ayudarme a celebrar el cincuentenario de mi carrera académica. Sin duda es uno de los momentos cumbre de mi vida. En estos días he estado recordando eventos de mi vida académica que me han dado la oportunidad de conocer a muchas personas interesantes. No todo ha sido positivo, he tenido mi ración de experiencias negativas... sin embargo, sinceramente creo que, si se me diera la oportunidad de vivir mi vida de nuevo, volvería a hacer las cosas que hice en la única vida que me tocó. Tengo muchas cosas por las que estoy muy agradecido. He tenido excelentes maestros, y para qué negarlo, también algunos no tan buenos. Sin embargo, en mi memoria dominan los buenos maestros. Muchos de ellos, como el Maestro Enrique Rivero Borrel y el Ing. José Hernández Olmedo, ya nos han dejado. Pero otros todavía viven como el Ing. José Antonio Padilla Segura, y algunos están muy cerca como el Ing. Jacinto Viqueira Landa, quien nos hizo el honor de presidir la inauguración de este evento. A estos maestros les debo no solamente mis conocimientos profesionales, sino también una formación que he buscado toda mi vida, que consiste en tratar de hacer bien las cosas; de perseguir la verdad, sea ésta incómoda o no; de buscar la excelencia, de asumir mi responsabilidad, de exigir y practicar la justicia y de apreciar la belleza. He pugnado por transmitir lo que he recibido a mis alumnos y colegas como una modesta pero positiva contribución a una mejor nación en angustiosa necesidad de encontrarse.

Esa formación la recibí, no solamente de mis maestros, sino también de mis padres y de personas que he llegado a estimar como amigos o como si fueran mis padres. En este caso está el Padre Joseph Caselli de la orden de los Salesianos de San Juan Bosco, mi tío, el Dr. Herbert Stacpoole, el Dr. Roger Diaz de Cossío, quien hoy nos abrió los ojos sobre la inutilidad de las pruebas, y el Dr. Juan Casillas, los dos últimos mis primeros jefes a mi regreso a la UNAM después de mis 10 años de estancia en Estados Unidos. Más recientemente me he beneficiado del contacto con el Dr. Jesús Kumate Rodríguez, quien mucho ha distinguido a mi familia y a mi con su amistad y que hoy nos dio una excelente plática sobre uno de los grandes pioneros de la ciencia médica.

Aunque no están presentes quiero también reconocer la influencia en mi preparación y formación del Dr. Leonard Gould quien dirigió mi tesis doctoral y quien, junto con el Dr. Manuel Cerrillo Valdivia, me enseñaron a investigar en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. Esta labor de enseñanza y formación la continuaron el Dr. David Katz y los doctores Irving Lefkowitz y Mihail Mesarovic, el primero de los Laboratorios Bell, y los dos últimos del Systems Research Center de la Universidad Case Western Reserve.

Pero no sólo he aprendido y me he formado con ayuda de mis mayores como los que he mencionado; mucho he aprendido y me han formado también personas de menor o de igual edad a la mía. En este caso se encuentran varios de los que nos han deleitado hoy con sus enseñanzas como la Dra. María del Carmen Durán, el Dr. Jaime Cervantes de Gortari y el Maestro René Herrera Santana, quienes cuando ya creía dominar algunos temas y saber organizar eventos académicos, me enseñaron, con su ejemplo, cómo de verdad se domina un tema y cómo se deben organizar eventos.

En los últimos años he adquirido un creciente interés por todas las ramas del conocimiento humano que me ha llevado a asociarme con personas con intereses similares. Esto me ha dado la oportunidad de conocer persona verdaderamente interdisciplinarias como el Dr. Jesús Acosta Flores quien me invitó a unirme al Departamento de Ingeniería de Sistemas de la División de Posgrado de esta Facultad, y el Dr. Enrique Ruiz Velasco, quien además de haber sido presidente de SOMECE, es participante, como profesor, en varios programas doctorales de la UNAM, como Computación, Ingeniería y Educación. He visto crecer a jóvenes brillantes como la Maestra Marina Vicario, alumna doctoral del Dr. Ruiz Velasco, quien, a su corta edad, ha ocupado importantes puestos en el Instituto Politécnico Nacional y es actualmente Presidenta de SOMECE, una sociedad muy cercana a mi corazón que ha crecido sana y vigorosamente. Mi inquietud por la interdisciplina me ha llevado a colaborar en Comisiones Dictaminadoras con maestros e investigadores de la Facultad de Contaduría y Administración, a la que pertenece el maestro e investigador, Dr. Luis Valdez, quien hoy dirigió la Mesa Redonda; en la División de Posgrado e Investigación de la Facultad de Arquitectura y la Dirección General de Servicios de Cómputo Académico. También me ha llevado a asociarme con científicos, artistas, tecnólogos y humanistas en una aventura académica que hemos llamado Academia Mexicana de Ciencias, Artes, Tecnología y Humanidades, de la cual el Dr. Kumate es el Presidente del Consejo de Honor, el Dr. Jesús Acosta Flores el Presidente Fundador, la Dra María del Carmen Durán la actual Presidenta, y la Analista Angelina Arellano, coordinadora de este evento, la actual Tesorera.

Finalmente, tengo que reconocer la influencia que han tenido en mí algunos de mis alumnos. Todos los profesores sabemos que los estudiantes doctorales terminan sabiendo sobre su tema doctoral mucho más que nosotros, lo que nos ayuda a aprender las novedades. Quiero destacar al Dr. Miguel Ángel Mora, ya finado, un consumado humanista, teólogo y filósofo autodidacta, de profesión ingeniero – arquitecto, quien tendió sendos puentes entre la Ingeniería y las Humanidades introduciendo conceptos novedosos para la Ingeniería de Sistemas como la Hermenéutica, y quien no obstante su inesperada muerte, poco tiempo después de doctorarse, dejó una escuela de pensamiento sistémico que está activa en el Instituto Politécnico Nacional. En este recinto casualmente estamos tres de sus sinodales en su examen doctoral. El Dr. Mora recibió del Jurado, por su original aportación, Mención Honorífica. Otro de mis alumnos, con el que me he vuelto a encontrar recientemente es el M. en I. Gustavo Rocha Beltrán, quien, como yo, ha escogido la carrera magisterial en esta Facultad, de él también he aprendido por su manera de abordar los problemas, que es uno de mis temas favoritos, y por su interés por servir al alumnado.

No los quiero aburrir contándoles sobre todas las interesantes y talentosas personas, que han sido muchas, con las que me he topado en mi carrera académica a través de las conferencias y asociaciones nacionales e internacionales en las que he participado. No puedo, sin embargo, dejar de mencionar a la Analista Angelina Arellano, Jefa de la Unidad de Formación y Extensión Tecnológica, programa académico de la Secretaría de Posgrado de la Facultad de Ingeniería, quien se ha dedicado a difundir la tecnología y no se ha restringido a la Facultad de Ingeniería, sino que ha abarcado a toda la comunidad universitaria formada por profesores, alumnos y trabajadores y frecuentemente ha salido de la Universidad a la provincia mexicana para difundir conocimientos de temas como computación, medicina y otros incluyendo planeación y la lucha contra las adicciones. Esta difusión la ha llevado a personas humildes, aisladas, que no tienen la oportunidad de oír a profesores universitarios en sus lugares de origen. Esta notable mujer me ha enseñado cómo rescatar a una familia, algunos de cuyos miembros padecen serios problemas de salud, y lo que es conducir a todos los integrantes jóvenes hacia la educación universitaria, inspirándoles altas metas intelectuales y morales. Ella ha sido un pilar de varias de las asociaciones con las que he tenido relación. Entre otras ha sido durante dos períodos Tesorera de la Academia Mexicana de Ciencias, Artes, Tecnología y Humanidades y es responsable de la coordinación de este evento en todos sentidos, desde invitar a los ponentes y participantes en la mesa redonda, conseguir el local, formar el programa, mandarlo imprimir, vigilar y hacer la difusión, conseguir el equipo de proyección, y contratar los bocadillos al final del evento, labor que desarrolló personalmente, casi sin ayuda. Esto lo ha hecho en muchos eventos, razón por la cual le estoy muy agradecido.

En cuanto a mi vida personal le doy gracias a Dios por la familia que me dio, por el ejemplo y guía que recibí de mis padres, que me han dado todo: vida, principios morales y ejemplo de vida recta y productiva, sustento, casa y vestido. Nunca me he tenido que preocupar por problemas económicos; aunque tuve becas, cuando éstas se tardaron en cristalizar, me proporcionaron los medios para iniciar mis estudios. Cuando regresé de mis estudios me apoyaron para establecerme. Mis hermanos Daniel, ya finado, Carmen y Bessie me han arropado como si mis padres vivieran. Esto me ha permitido concentrarme en un trabajo, no muy bien pagado, pero que me ha dado grandes satisfacciones y que me ha hecho feliz. La labor de mis padres ha trascendido generaciones y tanto mis hermanos como mis sobrinos todos tienen grado universitario y son personas de bien.

Finalmente, tuve la suerte de que me aceptara por esposo una linda mujer, bien educada y de muy buenos sentimientos, con quien he procreado tres hijos: Rose Ann, Harold y Vanessa a quienes mi esposa ha educado y formado como Dios manda y que me han dado enormes satisfacciones que me llenan de orgullo. Todas tienen títulos universitarios de la UNAM, mi hijo es Ingeniero Químico y mis hijas escogieron las Ciencias Biológicas como tema de su carrera profesional, una de ellas posteriormente se doctoró en Harvard en Salud Pública y la otra está terminado su doctorado en Psiquiatría en la Universidad de Oxford. Sobre mi esposa quiero leerles un fragmento del Prólogo de mi último libro todavía inédito: “El libro se lo dedico a la compañera que Dios me envió, poniéndola en mi camino mientras vagaba por este mundo. En la primavera de mi vida alentó mis ilusiones llevándome a ver y a oír la música de Mozart en la película “Elvira Madigan”. En el verano de mi vida me dio tres hijos y los educó, y lo hizo muy bien. En las tormentas del otoño de mi vida, con mano firme, protegió la integridad de la nave que es nuestra familia, llevándola a buen puerto. Y en el invierno de mi existencia me regaló una perrita para calmar mi ansiedad, mientras espero el telón final del teatro de mi vida, en el que espero que Nancy cumpla con la sagrada misión de cerrar mis ojos por última vez cuando inicie mi viaje de regreso a mi Padre Dios, que me envió a prueba en este mundo.”

Como ven, he sido una persona a la que Dios le ha dado mucho, aunque como pruebas me ha sometido a altas y bajas. Como el Profeta de Gibrán Khalil Gibrán hoy les digo: “He amado y he reído, pero no toda mi risa, y también he llorado, pero no todas mis lágrimas.”

 

MUCHAS GRACIAS A TODOS POR HABERME ACOMPAÑADO EN ESTA CELEBRACIÓN.

 

 

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